EEUU: la economía aterriza como el doctor ordenó (no habrá otra suba de tasas si crece menos el empleo)

La economía cumple (por fin) los pedidos de Jerome Powell. No pisa, como se temía, la recesión ni la estanflación. No obstante, las velocidades diferentes de ajuste de la economía real y la inflación encienden una luz amarilla en el tablero de comando.

Una semana después de Jackson Hole, la economía cumple (por fin) los pedidos de Jerome Powell como si fueran órdenes. El aterrizaje se despliega desde fines de 2022 con un trazo sostenido muy alentador. Desliza sin rozar las banquinas. No pisa, como se temía, la recesión ni la estanflación. No obstante, las velocidades diferentes de ajuste de la economía real y la inflación encienden una luz amarilla en el tablero de comando. La inflación, la prioridad desde 2022, aterriza más rápido que la actividad y el empleo. Pero Powell no está conforme. En síntesis: la economía crece con demasiadas ínfulas y podría realimentar la hoguera de los precios. De ahí, el corolario de Jackson Hole, el alza de tasas no terminó. Y podría no ser una suba sino varias, acotó Susan Collins, de la Fed de Boston. O ninguna si los astros se alinean. ¿Cómo? Si se moderan la actividad y el empleo -además de la inflación- y apaga la luz de alerta. Más adelante, si la productividad hace fuerte acto de presencia, se podrá ser menos restrictivo sin correr riesgos.

¿Qué elemento novedoso en común exhibe la batería más reciente de indicadores? Por primera vez, el sosiego balanceado que procura Powell & Cía se deja ver con nitidez. EE.UU. creó 187 mil nuevos empleos netos en agosto. El promedio de los doce meses precedentes era 271 mil. El año comenzó con 472 mil (inicialmente informados como 517 mil).

La máquina de creación de empleos funciona bien pero ya no a destajo. No se fuerza al extremo. Toda la data sufre continuas correcciones y todas, invariablemente, son hacia la baja. Las de junio y julio mocharon 110 mil posiciones. La percepción de recalentamiento era exagerada. La tasa de desempleo saltó tres décimas al 3,8%. Es un nivel bajísimo y es el más elevado desde que la Fed empezó a remontar las tasas (de 0,25% a 5,50%) en marzo de 2022. Arrima el bochín a la definición de ocupación plena que usa la Fed en sus modelos (sin todavía alcanzarla): 4%.

¿Qué tiene de bueno la noticia? Que se explica en su totalidad por un aumento de la participación laboral. ¿Qué pasó con la deserción en masa de trabajadores que provocó la pandemia y parecía inconmovible? La contribución del grupo etario entre 25 y 54 años crece y está en máximos. Corolario: la oferta laboral es menos rígida que lo que se temía. Y, según el informe JOLTS, la demanda laboral disminuye mes a mes (desde alturas nunca vistas). Las búsquedas suman 8.8 millones (en declive constante desde un récord de más de 12 millones en marzo de 2022). Se reduce así la demanda laboral excedente. Visto desde el ángulo de la presión salarial, la descompresión es la norma. El promedio móvil trimestral trepó 4,5% en agosto contra 4,9% un mes antes, cada vez más lejos del pico de 6,4% en enero de 2022. ¿Qué objetará Powell? Los progresos son evidentes. Sí dirá que hace falta más. Con una tendencia aceitada, y tasas reales de interés positivas (y crecientes) no está claro que deba abandonar la estrategia de manos libres y se requiera su intervención.

La inflación es alta, Powell dixit en Jackson Hole. No obstante, la mejoría es ostensible. Lo confirmó la medición favorita de la Fed. El deflactor del consumo personal registró una variación interanual de 3,3% en agosto en alza respecto al 3% de julio. Pero el brinco se debió enteramente a una merma puntual de precios en julio 2022. En el margen, el cambio mensual fue de 0,2% para la inflación promedio, la mediana y su versión núcleo tanto en junio como en julio.

La inflación de los últimos doce meses fue 2,6%. La Fed pretende regresar a la meta de 2% a más tardar en 2025. La actividad económica también se moderó según el último informe PMI de la industria y los servicios. Toda la data previa apuntaba a un incómodo recalentamiento. Y fue esta información la que impuso una tregua en la guerra de las tasas largas. Después de instalar un nuevo máximo de 4,36%, la tasa de 10 años se hundió más de 20 puntos base con rapidez. El viernes repuntó para cerrar en 4,18%, sin ánimo de entablar un nuevo tiroteo. La moderación tiene la llave para ponerle fin a la suba de las tasas largas, pero también a la cruzada de las tasas cortas que conduce la Fed. De ahí la resurrección de la Bolsa. El rally carece de apuro. Septiembre es terreno resbaladizo. Con el aterrizaje suave en la cabecera de pista, el reloj está de su lado y puede elegir el momento mejor para embestir de nuevo.

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